martes, 11 de enero de 2011

Rebajas, una batalla por librar

Siento la necesidad de compartir mi humilde experiencia en ese día, esperado por unos, detestado por otros, llamado 1er día de rebajas. Porque, reconozcámoslo, a todas nos agobia pero, en el fondo, lo deseamos. Así que después de una larga deliberación, allí estaba yo, en un centro comercial, con una amiga. Y aconsejo a todas las que vayáis en los próximos días que la elección del vestuario y calzado es elemental. Pantalones cómodos (para quitar y poner con facilidad) o algún vestido flojito y confortable. Por supuesto botas planas o bailarinas; siempre de colores neutros para que combinen con cualquier prenda que nos probemos.

Bueno, a lo que voy, que casi muero en el intento: colas de media hora para pagar, ropa por el suelo, gente que te empuja, y ya no hablemos de intentar probarte unos zapatos porque te dan las mil encontrando el otro par.

Pero a pesar de todo, he de decir que merece la pena. Nos divertimos, nos reímos, pasamos la tarde y compramos de todo consiguiendo ahorrar algunos euros en estos tiempos de crisis. Aunque como dirían las madres: “Más hubieses ahorrado si no hubieses ido”. En fin.


¿Lo más raro de la jornada? Cuando una prenda cuesta 14,95 y el precio rebajado es más caro. ¿Mi consejo? Al loro con lo que compramos. Hay que mirar bien todo. Que la prenda no tenga ningún tipo de tara, que la cremallera no esté estropeada, ni que el forro haga “un gesto raro”. Y que la rebaja merezca la pena. Si es al menos de un 30% está bien, si sólo tiene el 10%, creo que podemos esperar.

¿Lo mejor? En Blanco tenéis todo al 50% y, ahora, si compras dos unidades, te hacen un 70% en la segunda. En Stradivarius tenéis muchas prendas del color de la temporada, el camel. La prenda estrella en esta tienda: las capas de paño (en negro y camel). En H&M, descuentos impresionantes. Y en Hakei, buenos productos en piel.


Mis apuestas:
Blazer azulón con mangas abullonadas. Preciosa con jeans.
Chaquetas de punto de todos los colores. Son muy asequibles y te sacan de cualquier apuro. El toque: con un cinturón finito a la cintura.
Vestido de seda azul marino. Dos versiones: con pantys del mismo tono, cinturón fino cobre y zapatos marrón de ante para una fiesta, celebración o salir de noche. Con botas y cinturón ancho, ambos color camel o marrón, para la oficina o de compras.



En definitiva, sea lo que sea lo que hagáis y lo que os pongáis, una por una, sed felices.

Fotos: Misako, y www.decoesfera.com.

lunes, 3 de enero de 2011

Botones, reflejo de una vida

No puedo menos que aludir esta semana a ese gran objeto de deseo llamado botón. Es innegable que los botones están en nuestro día a día. Nos acompañan al trabajo, a la calle, a un concierto. Vienen con nosotras a todas partes. Pero casi nunca les hacemos caso. Son los imprescindibles que hacemos sentir prescindibles. Pero, realmente cuando se nos cae un botón, ya sea del abrigo, falda, vestido o vaquero… entonces, y solo entonces nos acordamos de él y desearíamos haberle hecho más caso.

  Más allá de la mera utilidad de esos objetos redondeados, los botones han sido una importante pieza de deseo para la mayoría de mujeres desde la época de la China Imperial hasta la edad dorada de la alta costura. ¿Quién no ha guardado alguna vez botones en una cajita? Es más, ¿quién no ha visto la caja de botones de la abuela, la madre o la tía cuando éramos pequeñas?

Es increíble la cantidad de tamaños, formas, modelos y colores que existen. Y todo ellos, ahí, guardados en una cajita de latón o madera, como si de un tesoro se tratase. Y realmente lo es. Parecen verdaderas piezas de museo. Todo un clásico. Todo un arte.


Y lo mejor de todo, es que existe una historia detrás de cada uno de esos pequeños (o grandes) chismes: el vestido estampado de cuando tenía cinco años, las bermudas del colegio, los jeans que llevaba el día de mi primer beso, la bata que llevaba mi madre cuando dio a luz… Encontramos botones gigantes de vestidos de los años 60, metalizados de los años 80 y de lo más originales de los 90.

Si tenéis la suerte de tener cajitas de botones de vuestras madres o abuelas, conservadlas. Si no, empezad a  crear vuestra propia colección porque, aparte de divertido, tiene un gran valor sentimental. Además, podéis hacer broches, anillos y pulseras con ellos.



Recordad que tener una cajita de botones es tener la historia de una vida en vuestras manos.

Imágenes: blog actual y curioso, blog artesanum y http://www.allcollection.net/.