Todas conocemos las virtudes de una buena media o un buen panty. Sales de casa con un vestidazo con la cintura bien ceñida, taconazo, complementos mil y luciendo piernas de infarto gracias a unos estupendos pantys. Te diriges a la oficina, eres estupenda y cuando llegas al aparcamiento de la empresa, sales del coche ondeando tu maravillosa melena al viento. Y de repente… horror tus medias se han enganchado y un agujero muy pero que muy feo asoma por tu muslo y deja al aire esas piernas otoñales (es decir, que han dejado de estar doradas por el sol y se han engordado algunos gramos). ¿Qué hacemos entonces?
Resulta que en ese momento, no sólo tengo una agenda de trabajo horrible para ese día, sino que también tengo desayuno con el director comercial, reunión con los proveedores y un curso intensivo de comunicación por la tarde en una escuela de negocios. Entonces, el mundo se te viene encima, porque ya es tarde para volverte a casa, no tienes medias de repuesto y mientras piensas en qué hacer el agujero sigue creciendo.
En ese momento, te calmas y piensas: “Bien, me ha pasado esto, pero… soy una mujer de recursos que ha luchado mucho para llegar hasta aquí y no va a dejar que una m. de pantys lo estropee todo”. Así que entré en la oficina, congregué a todas las mujeres que conocía para ver si entre todas buscábamos una solución. Como siempre, mujer precavida vale por 10, y varias de ellas tenían aguja e hilo. Así que nada, otra de ellas cogió el liderazgo, me hizo un zurcido en la media y… a afrontar la jornada laboral.
Debo decir que todo fue sobre ruedas aquel día, incluido desayuno y reuniones. En el curso de comunicación estuve pletórica. Así que ya sabéis, mujeres del mundo, uníos porque nosotras lo valemos.

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